ocho españoles disfrutando de nuestro extravío por esas calles que aún guardan las voces y anhelos de tan diversas miradas. Llegamos casi por casualidad a un restaurante en el que podías comer en el suelo entre cojines y oyendo música tradicional turca en vivo. En seguida congeniamos con el joven relaciones públicas del local, un aspirante a futbolista del Real Madrid llamado Muhittin. Tras varios chapurreos en inglés nos dijo que volviéramos más tarde que él nos invitaría a cenar. Transcurridas casi dos horas nos presentamos de nuevo allí, en pleno barrio de Cemberlitas. Cúal fue nuestra sorpresa al ver que ya estaban cerrando. Muhittin salió al paso y nos indicó que le esperáramos al otro lado de la calle en una callejón oscuro por el que se accedía a un local en el que se podía degustar nargile. Con el estómago rugiendo acogimos las profusas bocanadas de humo con sabor a manzana. Ya casi exhaustos de hambre y de cada vez más tensa espera, Muhittin apareció en el umbral. Volvimos al lugar y alucinamos al ver que teníamos todo el restaurante para nosotros solos.Subimos al piso de arriba donde estaba la cocina, un salón enorme y circular adornado con tapices, alfombras y cojines llenos de motivos geométricos por todas partes. Acto seguido, Muhittin empezó a cocinar nuestra cena a base de todo tipo de carnes, todas ellas guisadas de forma distinta mientras nosotros andábamos disfrazándonos con ropajes sacados de las mil y una noches. Con esta guisa, pasamos una velada inolvidable conociendo el alma profundamente hospitalaria y cercana del pueblo turco, degustando esa comida picantona y solazándonos con ese violín y esa darbuka que sólo ellos saben hacer hablar.
Jorge García Martín
Cap comentari:
Publica un comentari a l'entrada