dilluns, 16 d’abril del 2007

TAILANDIA. Phimai

Siempre me han dado mucho respeto los reptiles. Por motivos de trabajo tuve que viajar a este maravilloso país. Cuando me enteré que tenía que ir se me hizo una odisea, me fascinaba la idea pero a la vez tenía muchas dudas sobre cómo sería todo, qué me encontraría allí, etc.
Poco a poco fui haciendome a la idea y a entusiasmarme con la aventura que me esperaba a pesar de los comentarios que escuchaba de algunos compañeros: es una zona peligrosa por algunas enfermedades, hace mucho calor, la comida, etc. Lo que más me horrorizaba era la posibilidad de ver serpientes pues me dan auténtico pánico y menos aún comerlas… qué horror! Allí resultó ser un plato muy típico ofrecido a los turistas.
Fue un largo viaje, de hecho el trayecto más lejano hasta ahora en mi corta experiencia viajera. Salimos de Barcelona dirección Londres y de Londres a Bangkok. Después de más de doce horas de vuelo y casi sin comer en todo el trayecto por los nervios llegamos por fin a la capital tailandesa. Una vez allí nos recogieron sobre las cuatro de la tarde en el aeropuerto pero todavía nos quedaban cuatro horas más de viaje en coche hasta nuestro destino (Phimai).
Tras iniciar la ruta por carretera tuve mi primer contacto con el fantástico paisaje del lugar, el verde de la vegetación, la construcción de las viviendas, el ir y venir de las motos… Por fin llegamos a Phimai y nos alojamos en unos apartamentos dentro de la planta donde íbamos a trabajar. Llegó la hora de cenar y nuestro intérprete nos preguntó si teniamos hambre… por supuesto que si, llevaba no se cuantas horas sin probar nada. Nos llevaron a un estupendo restaurante tailandés y en un segundo aparecieron sobre la mesa diferentes platos con verdura, arroz, carne, pescado…tenía tanta hambre que todo me pareció estupendo. Comí de todo un poco, incluso unos daditos de carne blanca y tierna que no sabía que eran. Mi compañero y yo nos miramos confundidos pues sabiamos que aquello no era pescado… todos nos miraban con curiosidad y empezaron a sonreir como esperando una reacción por nuestra parte.
Mi compañero y yo nos miramos y coincidimos en decir que aquello no era carne y tampoco parecía pescado, entonces pregunté a nuestro intérprete que eran aquellos daditos de carne blanca, a lo que nos contestó con una carcajada, volví a insistir y me respondió con un gesto en forma de zig-zag con su mano…Dios mio! pegué un salto del susto, acababa de comerme varios trozos de serpiente y yo sin saberlo…sólo una cosa tenía clara antes de salir y era que no quería comer ningún tipo de reptil y sin saberlo, la primera noche y en mi primera comida en Tailandia, ya había degustado tan curioso manjar, por cierto, a pesar de todo tengo que reconocer que estaba delicioso...

Juan Luís Piris